más esperanza

Nuestros días han tomado un velocidad vertiginosa… envolviendo de estrés, tensión y preocupación nuestras vidas… haciendo que muy pocas veces podamos disfrutar de los regalos esenciales que recibimos cada día. Y en medio de todo, y a pesar de las noticias negativas que parecieran insistir en convencernos de que no tenemos esperanza de volver a vivir en paz y armonía, yo creo que es completamente posible hacerlo.
Tal vez lo más importante del proceso que nos permitirá recuperar esa paz interior sea volver a lo esencial dentro de nosotros. En los últimos años, la gran motivación del ser humano ha sido adquirir objetos que supuestamente le darán la felicidad perdida… pero, ¿te has detenido a pensar alguna vez en lo que esto significa? Si en este momento te preguntara: ¿Eres feliz? ¿Te sientes tranquilo? ¿Estás lleno? ¿Qué responderías?
Tal vez tu respuesta esté acompañada de un reclamo velado hacia la vida o hacia alguna de las personas con las que todavía tienes pendientes por sanar y resolver… Después de todo, la mayoría de nosotros hemos crecido creyendo que siempre hay alguien responsable de nuestro bienestar o de nuestro malestar. O tal vez seas uno de los pocos que responda: En realidad he sido yo y no me siento culpable, porque he comprendido que cada proceso vivido fue una oportunidad para alcanzar la claridad y la conciencia que me permite comprenderlo y observar la diferencia hoy. Piénsalo…
En realidad, no tengo la intención de entrar en un proceso filosófico profundo acerca de la vida… Sólo pretendo enviarte una señal que despierte en ti el interés y las ganas de simplificar tu vida para volver al rescate y al disfrute de lo esencial.
¿Recuerdas alguna de las maravillosas sensaciones que tenías cuando eras niño? Como, por ejemplo, cuando te quitabas los zapatos para caminar descalzo; cuando te acostabas en el jardín sin preocuparte porque la grama o la tierra mancharan tu ropa para disfrutar del cielo y las nubes; cuando cerrabas los ojos para sentir el viento o el agua en tu cuerpo; cuando te metías en la cama y te arropaban… Son muchos los momentos que estimularon sensaciones y sentimientos agradables a lo largo de la vida, y la razón por la que pudimos atesorarlos y disfrutarlos en el momento en que ocurrieron, fue porque éramos niños. 
Estoy segura de que al igual que yo, tú también tienes imágenes de momentos del pasado reciente, que, al evocar, te hacen experimentar de nuevo las mismas sensaciones de libertad, tranquilidad, belleza, pureza, maravilla, grandeza… ¿y sabes por qué? 
Porque los viviste sin prejuicio, sin cabeza, sólo con los sentimientos y el corazón. De vez en cuando es importante detenernos para bajarle el volumen al ruido que nos hacen los pensamientos, para aquietar las emociones y para percibir nuestras verdaderas sensaciones.
No es posible que sean la ambición, el temor, los comentarios de otros, el egoísmo, los prejuicios, la competencia, la espectativa, las diferencias… algunas de las razones por las cuales nos perdemos de disfrutar la vida.
Sacude un poco tu cabeza, afloja los hombros, deja de cargar a tu cuerpo y suéltalo… Quítate los zapatos y pon los pies sobre la tierra, siéntela debajo de ti… respira profundo y observa a tu alrededor y más allá… disfruta de todo lo bueno, de todo lo cotidiano, pero esencial, que está ocurriendo a tu alrededor.
Recuerda que todo pasa y que todo llega si nos mantenemos concentrados en cada paso que damos para conseguir nuestros sueños, aun cuando a nuestro alrededor todo parezca caerse.
Amigo, tal vez te estás perdiendo la verdadera vida…
¡¡¡ Vamos a vivirla juntos !!!.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien!

 

 Alejandra Rio
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